lunes, 16 de mayo de 2011


Si, a veces me paso.
Soy consciente de que mis palabras te hacen daño, o mis gestos, o mis acciones, pero no me callo, no me quedo quieto.
Soy incapaz de mover un dedo sin que alguien piense que podría haberlo hecho, pero no me da la gana.
Las cosas son como vienen y el que yo me calle o intente disimularlo no significa que vayan a ser de otra manera. Y no tengo nada que ocultar precisamente por eso, porque no me da la gana. Y como no me da la gana de tener que hacerlo, no me da la gana de callarme.
Y si quiero, me levanto.
Y si no quiero, me levanto también. ¿Por qué?, porque quiero.
Y si dices blanco diré gris.
Y cuando mires verás negro, aunque yo siga viendo gris.
O quizás no existan los colores y lo que estemos viendo sea simplemente producto de nuestra imaginación, de los restos de lo que han visto los que nos preceden.
Y mi felicidad se matiza de vuestra tristeza. Y mi tristeza destiñe vuestros tintes alegres.
Y viceversa.
Y el hijo de puta es el que viene con el bote blanco y te pide que cierres los ojos mientras te vacía por encima la pintura negra que contiene.
Yo te doy el chubasquero, por si lo quieres, y dejo que veas como derramo la pintura, sin saber yo mismo de qué color saldrá, porque ya comprendí que en mi almacén, la pintura blanca se mezcló con la negra hace mucho tiempo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario